Geografía

Navalvillar de Ibor está situada en un valle rodeado de montañas. Se trata de un pueblo con una arquitectura popular muy típica de los pueblos montañeses de la zona, destacando entre sus montañas las sierras de Goterones y la Cueva.

El municipio está situado en una hondonada dominada por varios cerros. El terreno es de sierra, muy accidentado, dentro del macizo de Las Villuercas. Además del río Ibor, afluente del Tajo, bañan el término los arroyos de los Tuales, Madroñal y Torderas y la garganta de Salóbriga que aportan agua a Navalvillar y a sus habitantes, haciendo crecer el caudal del Río Ibor hasta desbordarse en invierno.  Navalvillar de Ibor, así como toda la sierra de Villuercas – Ibores, tienen entre sus filas un importante patrimonio de fauna de aves, siendo declarada la zona como ZEPA (zona de especial protección para las aves) porque en esta zona se puede realizar turismo ornitológico divisando aves como búhos reales o buitres leonados. En cuanto a la flora, destaca el matorral, la encina y los alcornoques, a parte de los castaños, muy típicos y fuente de riqueza en toda la zona de los Ibores. 

En cuanto a la fauna destacan los venados, los jabalíes, muflones y corzos…  Si algo caracteriza Navalvillar de Ibor es su paisaje, probablemente uno de los más bonitos de la comarca. Los amantes de la naturaleza quedan, sin duda, marcados por Navalvillar, su gran riqueza en fauna y flora hacen que este lugar sea inolvidable. En los lugares más húmedos  sombríos, aún subsisten algunos ejemplares de "Loro", árbol de la Era Terciaria.

Numerosos son también los yacimientos de fósiles marinos en la zona. Mirando hacia la Sierra, se distinguen los diferentes colores formados por las tierras de cultivo, los olivos, los castaños, las jaras. Todo ello parece un gran mantel bordado por finas y delicadas manos y con los colores más bellos, desde los pasteles hasta los más fuertes. Sea cual sea la estación del año, Navalvillar de Ibor nos cautiva... Durante las noches "rasas", si nos alejamos de la claridad del pueblo y levantamos la mirada hacia el cielo, descubrimos otra de las bellezas de Navalvillar: su cielo estrellado, un espectáculo inolvidable e imposible de definir... hay que vivirlo para contarlo...